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Y tú, ¿a quién te pareces?

a quién te pareces

Estoy completamente convencida que todas esas comparaciones o críticas no son más que el reflejo de una impotencia enorme por querer ser como soy yo; porque yo no me empeño en ser diferente, me empeño en ser única.
Desde hoy, cada vez que me pregunten “y tú, ¿a quién te pareces?, tengo clara mi respuesta: “A NADIE, SOY ÚNICA”.

La nueva era de la mujer

la nueva era de la mujer

Somos mujeres que estamos viviendo la nueva era de la mujer con una excelente actitud que dura siempre o mucho tiempo; que es continua, que no se interrumpe; y esta actitud no está definida por el número de años que hemos vivido sino por las ganas que tenemos de vivir plenamente todos los que nos quedan por vivir.

El 4to piso la segunda adolescencia

el 4to piso la segunda adolescencia

Cuando somos adolescentes queremos conocer el mundo y por eso no queremos seguir reglas; cuando estamos en el 4to piso lo que queremos es no parecernos a… o no darle la razón a… (entiéndase, mamá, papá, maestros, etc.).
Y si bien no tenemos a nuestros papás que nos digan que no podemos hacer las cosas, o sea, que podríamos entender que somos libres para hacer lo que nos dé la gana.
¡Sorpresa!; ahora hay otras personas que nos detienen, ya sea de manera real o en nuestra mente o conciencia: nuestra familia, llámense maridos, hijos, parientes, amigos, etc.

Religión vs Espiritualidad ¿Dejaste de creer?

Religión vs Espiritualidad

Dejé de creer en el Dios que ellos me quisieron “vender”. El Dios en el que yo creo nos ama profundamente, él nos creó. No creo en ese Dios que sólo nos está vigilando para ver en donde la cagamos para castigarnos; pero a la vez, es capaz de perdonar el peor de los delitos en la Tierra si pides perdón.

El 4to Piso de la Mujer

El 4to Piso de la mujer

El desafío es rico; empiezan experiencias más intensas, comienza una clase de segunda adolescencia; pues la irreverencia es un placer que nos podemos dar pero con sentido, mucho sentido.
Tenemos mil y un historias privadas que nos causan sonrisas inesperadas, que nos hacen adquirir ese brillo que dan las travesuras de cuando éramos niñas, pero ahora con la sensualidad de una mujer en potencia.

Decir que no… es ¡NO!

Decir que no

Sólo quiero que me escuchen, no que me entiendan. No quiero que me convenzan y menos que me pidan explicaciones, como si no fuera posible, simplemente, no querer o no tener ganas. Como si tuviera que haber toda una explicación científica de porqué quiero o no quiero ciertas cosas, situaciones o personas en mi vida.