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¿Cómo deben vestir las mujeres del 4to piso?

¿Cómo deben vestir las mujeres del 4to Piso? Esa es una pregunta que a mí me causó mucho conflicto durante años.

Si bien no en la idea de los cuarenta años, si en el transcurso de mi vida como mujer.

Ese afán de mi mamá y la sociedad por crear estereotipos de lo que una mujer debe, puede o tiene que hacer, ser o tener para ser una mujer de “bien”.

Yo no sé a quién se le ocurrió que las mujeres son rosa y los hombres son azul; quién inventó las fajas, los tacones, los vestidos y faldas ajustadas, los sujetadores o la ropa interior de encaje; pero definitivamente en lo que menos pensó fue en la comodidad.

Aquí hablo sólo de mi punto de vista, pero sé que más de una, aunque sea allá en lo fondo de su corazón coincide conmigo.

Y es que, sí que es verdad que una mujer con vestido entallado y tacón de aguja se ve hermosa, pero es algo que vemos así porque así ha sido, no se nos presentó otra opción, esa es la versión que se ha tenido por años.

Ahora, suma que llegas al 4to piso y resulta que, por encima, hay ropa que no te puedes poner porque “ya no estás en edad”…

O sea, no manches, ¿no estoy en edad de qué?

Y sé que (ilusa de mí) si algún día este post llegara a los ojos de Carolina Herrera acabaría conmigo en dos segundos, pero es lo que pienso y este es mi espacio para expresarlo.

Ella dice que las mujeres deben aprender a envejecer con dignidad y que por eso hay ciertas prendas de ropa que ya no se deben usar a cierta edad.

Creo que una mujer que ha echado mano del botox y la cirugía plástica no es la más indicada para decirme a mí lo que debo o no debo usar, o lo que es envejecer con dignidad.

Con esto no quiero decir que me voy a salir en pijama a la calle o me voy a lanzar en chándal a una presentación de mi trabajo, pero sí creo que no tiene que ver el estilo con la edad.

¿Cómo deben vestir las mujeres del 4to piso?

Hace años cumplí con las expectativas de ser mujer y por lo tanto vestir como se debe. Usaba lo que estaba de moda, lo que usaban las demás, lo que mi mamá y la sociedad decían que era lo correcto para una mujer de mi edad. Enfundada en trajes súper femeninos y tacones altísimos que me mataban de sufrimiento y, en mi caso, literalmente, de dolor.

Pero claro, como dice mi mamá: para lucir hay que sufrir.

¡Huevos! ¿Por qué tengo que sufrir para lucir?

Puedo lucir femenina, muy linda, bien vestida, elegante y todos los adjetivos que se le quieran poner, usando lo que me gusta y con lo que me sienta cómoda.

Y lo más importante, quiero gustarme a mí cuando me veo al espejo, quiero sentirme feliz cuando esté en mi casa o salga a la calle, sin tener que preocuparme de qué va a pensar la gente de lo que me puse, si es correcto o no para sus ojos.

Si no les gusta lo que ven que volteen para otro lado. Al final de cuentas yo quiero gustarme a mí, vestirme para mí; ya si alguien se acerca a decirme que me veo bien pues será el no va más plus ultra, pero no necesito la aprobación de nadie para verme y sentirme bien.

Porque si hay algo que tengo muy claro es que la ropa no tiene género, color, tiempo, ni edad.

firma Rocio Casas

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