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El 4to Piso de la Mujer

El 4to Piso de la Mujer

El cumplir 40 años demuestra que ya no hay tiempo que perder, que ya nos dimos cuenta que el: “y vivieron felices para siempre…” era un cuento y que la tortura de saber que no vivimos con un príncipe azul nos vale un cacahuate, pues ya aprendimos a amar con la cabeza y la complicidad de la experiencia.

En el 4to piso nosotras decidimos con quien sí y con quien no estar, nos damos el lujo de mandar al diablo, con educación, compromisos que no nos importan y de ir a buscar, en donde sabemos que está, lo que sea que necesitemos; lo que sea.

El desafío es rico; empiezan experiencias más intensas, comienza una clase de segunda adolescencia; pues la irreverencia es un placer que nos podemos dar pero con sentido, mucho sentido.

En el 4to piso suele aparecer un sentimiento inmenso y notable: la aceptación, nos conocemos ya más que nadie, ya sabemos quiénes somos y nadie va a venir a contarnos un cuento chino. Terminó la búsqueda donde no hay y, si aún no terminó, hay que decidirse a pagar una buena terapia o taller, qué flojera seguirse azotando, pues ya sabemos que no se trata de conformarse con quien se cree que es, sino de aprender qué se quiere y cómo se quiere.

En el 4to piso aparece esa gloriosa e impune sensación de poder decirle, a la gente, lo primero que se nos viene a la cabeza (guardando las formas, claro, para no andar ofendiendo por todos lados), pero tenemos el poder de desahogar de nuestra alma lo que se nos pegue la gana, con audacia.

Tenemos mil y un historias privadas que nos causan sonrisas inesperadas, que nos hacen adquirir ese brillo que dan las travesuras de cuando éramos niñas, pero ahora con la sensualidad de una mujer en potencia.

En el 4to Piso:

  • Sabemos lo que somos y, con experiencia, lo que no somos
  • Sabemos con certeza qué color de labios nos hace ver de 100 cuando queremos lograr algo
  • Tal vez no sabemos todo lo que queremos, pero sabemos lo que ya no queremos
  • Se nos ha desarrollado un potente radar para detectar a las personas “mal intencionadas” y, con tranquilidad, sabemos que el qué dirán es sólo una percepción interna dañada de los demás
  • Sabemos con quién no nos da la gana estar
  • Y sabemos voltear, sutilmente, el mundo para estar con esas personas que nos hacen el día
  • Aprendemos a no esperar
  • Por lo tanto, tenemos menos expectativas y vivimos más ligeras
  • Nos amargamos menos
  • Nos disfrutamos más
  • Sabemos carcajearnos de nosotras mismas
  • Perdemos el miedo al ridículo y la música se siente más
  • Aprendemos que la seguridad no nos la puede dar nadie más que nosotras y nos convertimos en nuestras mejores aliadas
  • Sabemos que cuando nos ponemos chillonas, no estamos deprimidas, ni estamos en nuestros días; pero nos morimos de risa porque nos descubrimos llorando en un vídeo de perritos
  • Nos sentimos hermosas cuando nos vemos de reojo en el cristal de una tienda
  • Nos dan risa las cosas que antes nos causaban llanto
  • Empezamos a usar palabras que antes no sabíamos ni que existían
  • Los amigos empiezan a ser más amigos que antes y pagamos lo que sea por una tarde de carcajadas de esas que hacen doler el estómago
  • Los pseudo-amigos quedan en evidencia y tenemos la nobleza de alejarnos sin daños
  • Las dietas dejan de ser una obsesión, pero buscamos nutrirnos mejor
  • No podemos creer que nos hayamos peinado como lo hicimos a nuestros 20´s
  • Tenemos mil y un historias secretas por contar
  • Una buena conversación importa más que el sexo
  • Nos importa más nuestro cerebro que nuestro trasero
  • La pareja es más un cómplice que obligación
  • Los cafés con amigas de corazón pasan a ser nuestra mejor terapia
  • Le empezamos a tener un cariño especial a la celulitis y a las estrías pues sabemos lo que significan
  • Por muchos factores, aprendimos a valorar nuestra menstruación
  • Nos cuesta acordarnos de cosas que vivimos con un ex por el que antes nos cortábamos las venas
  • Sabemos defender la integridad de quien no se encuentra en la mesa; porque sea verdad o no, no nos gustaría que se hiciera lo mismo con nosotras
  • Tenemos más tolerancia a la frustración, total, mañana será otro día
  • Aprendemos a alejarnos de la gente negativa
  • Nos volvemos menos demandantes pero más puntuales
  • Nuestros ojos aprenden a ver de una manera diferente a los niños y a los ancianos
  • Sabemos que un beso bien dado provoca que se cierren los ojos sin querer
  • Nos damos cuenta que ninguna vida es perfecta y como sabemos que todos tienen problemas, aprendemos a preferir los nuestros
  • Tenemos la sensibilidad de una niña de 19 pero con la experiencia y la habilidad de una mujer de 40
  • Aprendemos a agradecer más y más seguido
  • Y a estar más vivas que nunca pues, si hay suerte, sólo resta por vivir la mitad de lo que hemos vivido

Así que, si has llegado hasta aquí, disfrútate, quiérete, alégrate y, sobre todo, agradécete por ser tu mejor compañera de viaje.

firma Rocio Casas

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