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Los cuernos y yo, ¿cómo me marcó la infidelidad?

La verdad es que los cuernos y yo no tenemos una buena relación, la infidelidad no es algo que me siente bien, me imagino que contigo pasa lo mismo.

Tengo la suerte de que no me los han puesto más de una vez o, por lo menos, no que yo sepa. Si bien es cierto que la verdad nos hará libres o que es peor vivir en la ignorancia; en mi caso, casi prefiero no saber ciertas cosas… lo que pasó, pasó.

¿Cómo me marcó la infidelidad?

Hace muchos años estuve saliendo con un chico por unos cuantos meses, en ese inter se nos cruzaron unas vacaciones de Semana Santa precisamente.

Él salió de vacaciones y cuando volvió me llamó diciendo que necesitaba hablar conmigo. Sabemos que cuando somos jóvenes esa frase «tengo que hablar contigo» quería decir que nos iban a invitar, no muy cordialmente, a retirarnos de su vida 😉

Así me presentaron a los cuernos

Cuando llegó estaba, realmente, nervioso y a mí me daba hasta un poco de risa que no tuviera los suficientes pantalones para mandarme a la mierda… pero cuando, por fin, logró ordenar sus ideas y armarse de valor me soltó un claro y contundente «te puse los cuernos».

Ups!

En lo personal nunca había terminado a ningún novio, siempre me terminaban a mí; bien porque ya no querían nada conmigo o bien porque yo era la que yo no quería nada con él y me convertía en una pesadilla para que fuera él quien terminara la relación (no me gustaba ser yo la que hiciera daño, así que dejaba que se fueran cansando de mí, según yo era más fácil así.

Pero nunca me había planteado que me pusieran los cuernos…

Así que ahí estaba yo, parada frente a él sin saber qué decir. Como siempre he tenido una fijación obsesiva con la honestidad, lo primero que salió de mi boca fue agradecerle, sí, tal cual lo lees; agradecí su honestidad y los huevos que tuvo para decírmelo de frente; pero por dentro no tenía ni idea de qué más decir o hacer.

Después de eso, llegó el enojo. Y la verdad es que reaccioné con toda la furia que te puedas imaginar, lo llamé de todo, le dije hasta de lo que se iba a morir… y él aguantó toda mi verborrea sin chistar, reconociendo que la había cagado completita.

Para no hacerte el cuento demasiado largo, pidió perdón; no dijo que la otra se le había resbalado o que lo había provocado, aceptó su responsabilidad en el hecho y terminó diciéndome que me quería y que él quería seguir conmigo pero que entendería si yo lo mandaba directito a la fregada.

Sí, lo dejó todo a mi criterio.

Entonces ¿cómo me marcó la infidelidad?

Al ser una situación que jamás me había planteado, obviamente, me sacó mucho de onda y no tuve idea de qué hacer en ese momento. Por un lado, lo quería al muchachote (no amor) y por otro me jodía el hecho de saber que, por mucho cariño que decía tenerme, se había liado con otra persona; además de que iba a ver a esa otra constantemente.

Al final decidí seguir con él, perdoné la infidelidad y seguimos la relación.

¿Realmente había perdonado?

Eso es todo un tema… cuando hablamos de perdón, asumimos que es aceptar lo que nos jodió y seguir como si nada y lo cierto es que no es así, no es tan fácil.

La relación no duró mucho más tiempo, porque yo pude perdonar, pero no pude vivir pensando en lo que había hecho y, cada vez que veía a la otra mujer, se me revolvía el estómago de coraje y frustración. Además de los pensamientos estúpidos de que si lo había hecho una vez, cómo saber que no lo volvería a hacer y, peor aún, cómo saber que no lo seguía haciendo con la misma.

Entonces ¿cómo me marcó esa infidelidad?

Obviamente, empecé a cambiar y esa relación terminó, él me terminó aceptando que eso ya no iba a funcionar, que su cagadera lo había jodido todo.

A partir de ese momento me prometí a mí misma que JAMÁS iba a perdonar una infidelidad…

Hasta el día de hoy, que yo sepa, nadie me ha puesto el cuerno o, por lo menos, no me he enterado; pero cambié la frase un poco.

Una infidelidad la puedo perdonar, es decir, puedo perdonar a la persona que la cometa; somos humanos y toooodos cometemos errores; pero eso no quiere decir que, una vez perdonada, siga esa relación.

Descubrí que no es fácil olvidar y no es fácil vivir con eso; es muy doloroso. Así que sí, puedo perdonar pero no puedo vivir con la responsabilidad de olvidar.

Como dije, no se si me han puesto los cuernos… pero sobre todo, no quiero saber. En su conciencia quedará, pero yo no necesito tener información que me lastimará.

No entiendo, ni entenderé nunca una mentira y mucho menos de ese nivel.

Es perfectamente válido y respetable dejar de amar a alguien, lo que no se vale es lastimar. Si ya no se ama, se tienen los huevos de decirlo y se agarra al toro por los cuernos para terminar la relación, no los agarras para ponérselos a tu pareja.

firma Rocio Casas

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