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Mi tiempo, mi espacio… mi vida

Mi tiempo, mi espacio…¿mi vida? La pregunta del millón.

Aquí es cuando la frase <uno propone, Dios dispone, viene el diablo y todo lo descompone> aplica completamente; aunque no sea realmente el diablo el que descompone todo.

Al ser mamá, esposa, ama de casa, etc. y, además, trabajar en casa es como si mi tiempo, mi espacio y mi vida no fueran totalmente míos.

La semana pasada tuvimos aquelarre de locas Gabriela y yo. Es cierto que nuestras reuniones no son cortas, más bien son de esas que, si no tuviéramos nada más que hacer podría durar días ja ja ja.

Pues bien, tratamos de organizarlas por las mañanas porque así sus plebes y mis enanos están en el colegio; y en mi caso, mi viejo en su trabajo, para que «según nosotras» nada ni nadie nos interrumpa.

Estando en plena reunión, regresó mi mamá de su cita mensual con su médico. Según tenía entendido, todo estaba perfecto y nada más iba a recoger medicamentos y sacar citas para sus próximos estudios; así que supuse que entraría, se daría cuenta que estaba en plena reunión y me dejaría; ya más tarde le preguntaría o me comentaría cómo le fue.

Pues no… Ella decidió que tenía que contármelo en ese preciso momento, no le importó que estuviera con Gabriela en la pantalla, me contó todo lo que le dijo el médico, ni siquiera se inmutó cuando le dije a Gabriela que me esperara un segundo. No preguntó nada, simplemente se soltó a contarme todo.

Hoy por la mañana pasó algo similar, pero con mi enano mayor. Pensaba hacer cosas desde temprano porque tenía tiempo (según yo), pero no… resulta que me pidió ayuda para completar un proyecto que tenía que entregar hoy.

Mi tiempo es mío…

No tengo problema en ayudar, en escuchar, en estar para quien me necesite, lo que me molesta es que piensen que, porque estoy todo el día en casa, mi tiempo no tiene importancia. Podrá ser una tontería, no lo sé y no me importa, lo que sí sé y lo que sí me importa es que, sea lo que sea que esté haciendo, lo estoy haciendo porque me sale de los huevos, porque yo con mi tiempo hago lo que quiera; y si bien es cierto que el estar en casa y no en un trabajo con horarios fijos me da la posibilidad de manejar mi tiempo a mi antojo, también es cierto que es a mi antojo no al de los demás.

Lo mínimo es preguntar. Y no preguntar si estoy ocupada, siempre estoy ocupada, sino preguntar si en ese momento puedo disponer de mi tiempo para hacer algo que los demás necesiten.

Es tan sencillo que no entiendo porque los demás no lo entienden así. He llegado a pensar que <huelen> cuando planeo hacer algo e inmediatamente les surgen situaciones en donde les hago falta.

No voy a negar que me molesta un chingo. Pero <la culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre>. Fui yo la que permitió que esto pase en primer lugar, porque no supe decir que no, los acostumbré a estar siempre disponible, a que mamá/hija siempre puede. El verdadero problema lo creé yo solita.

Quizás sea la etapa en la que estoy o el agotamiento, pero sé que ahora me molesta mucho que no se valore mi tiempo, mi espacio, mi vida y que se piense que nada de eso tiene más valor que el que se le pueda dar en beneficio de los demás.

Me toca aprender a poner límites para que mi tiempo, mi espacio y mi vida vuelvan a ser completamente míos, aunque a los demás les joda…

firma Rocio Casas

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