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Perdonar y Olvidar … no soy Dios ni tengo Alzheimer

Yo no sé a ti, pero estas dos palabras Perdonar y Olvidar, en la misma oración me causaban mucho conflicto.

Es cierto que desde que decidí re-encontrarme conmigo, he cambiado muchas de  las creencias que tenía inculcadas por otras personas o las perspectivas de esas personas, pero también es cierto que hay cosas que aún no lograba entender y aceptar del todo.

En este lugar entraban estas palabras

Sé que nos dicen hasta el cansancio que perdonar es más para nuestro beneficio que el de la otra persona, pero, la verdad es que la mente es muy canija y no nos deja (a veces) pensar con toda la claridad que los demás nos dicen que hagamos.

Y lo he intentado, aunque no me lo creas, pero en serio que no veo claro cómo perdonar a una persona que hace tanto daño.

Ya no hablemos de olvidar…

Esa es otra historia y, para mí, está más difícil que perdonar.

Se vuelve todavía más difícil cuando, por la razón que sea, algo similar se presenta en nuestras vidas; es como si la vida, el universo, Dios o no sé quién o qué, se empeñaran en no dejarnos olvidar.

Al final, lo estoy logrando

Me imagino que en este punto te preguntarás cómo y por qué lo estoy logrando si, en apariencia, te acabo de decir que es difícil; por no decir, casi imposible y también te acabo de explicar el por qué no me siento capaz de hacerlo.

Pues, después de todo, me di cuenta que no es tan difícil, que no tiene porqué crear un conflicto y que no tiene que ser doloroso; es más, no necesitas ser Dios o tener Alzheimer.

El punto clave está en lo que hemos aprendido a lo largo de nuestras vidas y de cómo nos “venden” hoy en día la idea de perdonar y olvidar.

Lo más importante que debemos entender; y que nos hará las cosas más sencillas en este sentido; es que los demás no nos hacen cosas, nosotros permitimos que nos las hagan.

Todo lo que los demás nos hacen, lo hacen desde la posición en la que se encuentran, es decir, desde su forma de ser y no tiene nada que ver con nosotros, así son y eso no lo podemos cambiar nosotros.

Si podemos entender estos dos puntos, se vuelve más fácil perdonar porque le quitamos el poder que le damos y es creer que perdonar es igual a aceptar.

Para nada… puedo perdonar, ahora que tengo claro que el hecho de perdonar a una persona que me lastimó o me fastidió no quiere decir que tenga que aceptarla o aceptar que siga haciendo lo mismo, me da la tranquilidad de sí perdonarla.

Lo único que acepto es que actuó desde su forma de ser, que no tiene que ver nada con lo que yo soy; y desde ahí, la respeto y la perdono; pero me doy el placer de mandarla  la mier…

¿Y de olvidar?

Esa es otra historia que te explico…

No se puede olvidar, es más no se debe olvidar.

Toda experiencia, buena, mala o regular, deja un aprendizaje. Si olvidamos eso hemos perdido el tiempo y la oportunidad de aprender algo nuevo, ya sea para nuestro bien o para saber que sí y que no.

Así que olvidar no tiene sentido, si lo olvidamos ¿cómo podremos saber si ya no queremos más de eso en nuestra vida?

Y te voy a decir otra cosa importante, la mayoría de las veces nos cuesta mucho trabajo perdonar a alguien porque en el fondo nos culpamos de lo que haya pasado y si perdonamos a esa persona dejamos de castigarnos por lo que “según” nosotros hicimos mal.

Así, cada vez que renegamos de los que nos lastimaron, inconscientemente lo que hacemos es recriminarnos a nosotros por lo que hicimos, dejamos de hacer o permitimos que nos hicieran.

Conclusión: es posible perdonar, no es recomendable olvidar.

Ahora cada vez que se presenta una oportunidad de perdonar a alguien, simplemente digo:

“Te respeto, te perdono por ser un pend…o; no te acepto en mi vida más, ni lo que hiciste; te deseo buena suerte y gracias por mostrarme lo que ya no quiero”

firma Rocio Casas

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