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El 4to piso la segunda adolescencia

Ya sé que suena un poco extraño: el 4to piso la segunda adolescencia, pero esa es mi conclusión.

Pasamos por los mismos momentos, emociones y sentimientos que en aquel entonces, sólo que con algunas diferencias; y aunque podría parecer más sencillo por todo lo que implica ser adultos, en realidad, es más complicado de lo que parece y, sobre todo, de lo que quisiéramos.

En el 4to Piso, no importa en qué habitación te encuentres (41, 42, 43…), todas, absolutamente todas, vamos a pasar por una crisis (y que quede claro que no comulgo mucho con el término).

Esto no tiene que ver con si eres o no feliz con la vida que tienes, sino con nuestro orden natural. Nuestro cerebro llega a un punto en donde nos manda una señal que básicamente nos dice: “ya deja de aprender y experimentar y empieza a poner en práctica todo lo que quieres para, ahora sí, ser feliz que es a lo que venimos”.

Lo que hace esto, es que recordemos (de forma inconsciente) muchas cosas y aprendizajes que traemos de vidas pasadas o, si no crees en eso, de lo que éramos realmente, cuando éramos niñas y no teníamos tantos prejuicios y creencias implementados.

La adolescencia

En esta etapa pareciera que nos volvemos rebeldes sin causa, queremos comernos al mundo de un bocado, experimentar, probar, hacer todo aquello que nuestros padres no pudieron, no quisieron o no los dejaron hacer.

Queremos sentirlo todo por nosotros mismos, no queremos que nos cuenten historias y que nos enseñen cómo vivir, queremos vivirlo todo nosotros.

Pero somos niñas, todavía; esto quiere decir que dependemos de alguien adulto para comer, vestir, estudiar, etc. Y tenemos que ajustarnos a los requerimientos si queremos seguir gozando de ciertos “privilegios”.

Aquí es cuando escuchamos frases como: “porque lo digo yo, porque vives en MI casa y esas son mis reglas, porque yo mando, cuando te mantengas solo haces lo que quieras, etc.”

Y esas frases pareciera que nos hacen todavía más rebeldes, peeeeero… lo somos a escondidas. Algunos no, ya sabemos que no todos somos iguales, pero la mayoría de las veces, así pasa.

Y en el 4to Piso pasa lo mismo

Cuando llegamos a esta etapa, recordando quiénes somos en realidad, nos sucede algo similar.

Algo en nosotros se despierta o se acelera y empiezan a molestarnos cosas que, en apariencia, estaban bien.

Es aquí cuando mujeres con una vida “perfecta”, un marido “perfecto”, unos hijos “perfectos” y una larga lista de “perfectos” empiezan a darse cuenta que la perfección es cuestión de percepción y que su percepción ya no es la misma.

Algunas empiezan a pensar que se están volviendo locas, que están en depresión o quién sabe cuántas ideas más.

Yo estoy entre las que creemos que nos estamos volviendo locas, porque no entendía por qué me estaban molestando cosas que siempre dije que me valían tres pepinos o que ni siquiera les había prestado gran importancia (o eso creía yo).

Ahhh pero que tal que nos creemos que ahora, a esta edad, sí podemos hacer lo que se nos dé la regalada gana porque ya somos adultos y no hay quien nos esté fregando con la típicas frases.

Jajajajajajajajajajajajajajajajajajaja….

Sí, solté una carcajada…

Si lo analizas, estamos peor que cuando estábamos en la adolescencia.

No nos dirán las frases que escuchábamos entonces, pero nos dirán otras peores o quizás una simple mirada nos hará sentirnos hechas una mierda porque nos estamos comportando como adolescentes.

Aquí entran frases como: “quién te está metiendo esas ideas en la cabeza; una mujer de cuarenta y tantos no se comporta así, no hace estas cosas; ya no estás en edad de ser, hacer, tener, querer o comportarte de tal manera; etc.”

Cuando somos adolescentes queremos conocer el mundo y por eso no queremos seguir reglas; cuando estamos en el 4to piso lo que queremos es no parecernos a… o no darle la razón a… (entiéndase, mamá, papá, maestros, etc.).

Y si bien no tenemos a nuestros papás que nos digan que no podemos hacer las cosas, o sea, que podríamos entender que somos libres para hacer lo que nos dé la gana.

¡Sorpresa!; ahora hay otras personas que nos detienen, ya sea de manera real o en nuestra mente o conciencia: nuestra familia, llámense maridos, hijos, parientes, amigos, etc.

Imagina que una mujer con un matrimonio, una familia y una vida, aparentemente perfecta y cumpliendo con los estándares de lo que sí y lo que no, de repente empiece a cambiar…

Todos los de alrededor pensarán “n” cantidad de cosas, entre ellas, que están entrando en la menopausia, que si están en sus días, que si la depresión por la crisis de los cuarenta, etc., etc., etc.

No es fácil y no lo será, el 4to Piso es la segunda adolescencia

Y como tal, será…

Si alguien te dice que será fácil y que está en ti crear tu realidad, es cierto; yo soy la primera que te digo que sí está en ti, pero también te digo que no, no será fácil.

Cuesta muchas lágrimas, mucho dolor, personas que creías conocer y amar profundamente, de repente se vuelven tremendos desconocidos y si llegas a este punto, aunque intentes ser como eras antes de esta “crisis” ya no se puede.

Es como si un velo se deslizara y por más que intentaras volver a colgarlo este se negara a permanecer en su lugar. Ya no verás las cosas como antes por más que quieras.

Lo genial es que, al final, habrá valido la pena porque resurgirás más segura, más feliz y más en paz contigo misma.

Lo mejor es no pasarlo sola; y qué mejor compañía que mujeres que estén pasando por la misma situación.

Entre nosotras podremos entendernos mejor y acompañarnos para no sentir que somos las únicas locas que nos estamos sintiendo así.

El 4to piso es la segunda adolescencia, está en nosotros convertirla en la mejor experiencia de vida para lograr cumplir lo que sea que hayamos venido a cumplir.

firma Rocio Casas

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