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Yo quiero un trabajo así

yo quiero un trabajo así

Hoy estoy completamente segura que el trabajo de mis sueños es aquel en el que puedo hacer lo que realmente amo, ganando lo que económicamente me merezco; pero, sobre todo, aquel que me permita viajar, salir de vacaciones, descansar, disfrutar sin tener que cargar con una laptop o, en mi caso, con un par de huevos, botellas, pinceles y pinturas para poder trabajar donde yo quiera.

Soy mujer y no voy a parar

soy mujer y no voy a parar

¡Empecemos por nosotras, mujeres!
Nos destruimos de a poco, unas a otras y nos quejamos de los demás. Empecemos por respetar y respetarnos. Tenemos que ser nosotras las que nos respetemos para poder hacer que los demás nos respeten y no esperar a que desaparezcamos para que nos extrañen.

Mi tiempo, mi espacio… mi vida

mi tiempo mi vida

Quizás sea la etapa en la que estoy o el agotamiento, pero sé que ahora me molesta mucho que no se valore mi tiempo, mi espacio, mi vida y que se piense que nada de eso tiene más valor que el que se le pueda dar en beneficio de los demás.
Pero . Fui yo la que permitió que esto pase en primer lugar, porque no supe decir que no, los acostumbré a estar siempre disponible, a que mamá/hija siempre puede. El verdadero problema lo creé yo solita.

Enanos emprendedores, hijos de mamá emprendedora

enanos emprendedores 4to piso

La cosa se complicó cuando le comenté que se me hacían muchos dibujos (200 tarjetas en cuestión de días) y él, con singular alegría, me dijo que no me preocupara que no estaba regalando su tiempo… lo estaba vendiendo.
Tenía una libreta donde apuntaba los nombres de sus clientes, sus pedidos, su total y los abonos que le iban dando. Después ponía “pagado y entregado”. Todo un enano emprendedor.

Soy una emprendedora del 4to piso

soy una emprendedora del 4to piso

El tiempo me rendía todavía menos que antes. Eran tantas las cosas que tenía que aprender, hacer, implementar que parecía nunca terminar.
Mientras tanto, lidiando con la “bendita crisis” aquello fue un caos en toda la extensión de la palabra. Pasé por estados de euforia total, de emocionarme al máximo cada vez que conseguía algo nuevo de lo que no me creía capaz a estados de depresión excesiva, de no querer saber nada de nada ni de nadie; explotaba a la menor provocación y vivía en un estrés constante.

La “crisis” de los cuarenta, la llegada al 4to piso

la crisis de los cuarenta

Me niego rotundamente a creer que mi vida terminó al cumplir cuarenta años, a creer que empezaré a enfermarme solo porque ya me toca, a vivir en la apatía porque, total, ya no me queda tiempo para hacer nada.
Así que, después de cinco larguísimos años (o eso me ha parecido a mí) acepto que llegué a una etapa más y no a una etapa menos; y me dispongo a vivirla intensamente y a echarle todos los huevos para ser todo lo feliz que merezco ser.